Cristina está jugando al “ahorcado” con Alberto, y va ganando

Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Sandra Choroszczucha. Politóloga y Profesora (UBA) – Fuente: La Nación

¿Conocen el juego del ahorcado? El propósito es que una persona responda preguntas de manera correcta, y por cada pregunta mal contestada se va dibujando una parte del cuerpo, hasta que cuando no quedan más partes del cuerpo para dibujar, se dibuja una soga y se canta “ahorcado” a quien perdió y quedará desde ese momento fuera del juego. Antes de continuar mi metáfora para describir tragicómicamente lo que está ocurriendo en la coalición oficialista, el Frente de Todos, quiero presentarles una adivinanza.

“Si tiene 4 patas, ladra y parece perro, es perro. Cristina Fernández de Kirchner se reúne con la embajada de EE.UU, con el Comando Sur de EE.UU, con Melconian y con la Fundación Mediterránea, quiere que renuncie Alberto Fernández para asumir como Presidente y negociar programa económico por su situación judicial”

Adivinen quién escribió este posteo por Twitter el día 2 de julio, un día después de que renuncie, también por Twitter, Martín Guzmán, el desde ahora exministro de Economía ultraalbertista. ¿Un dirigente político del Pro, de la UCR, de la Coalición Cívica, de una fuerza libertaria o de la izquierda? No, no, no, no y no.

Esta frase la escribió el exdirigente piquetero, Luis D´Elía.

Cuesta escribir sin metáforas y adivinanzas, cuesta describir la realidad, porque la realidad hoy en la Argentina es ficción, de terror. No sabemos quién gobierna o no gobierna, quién es oficialismo y oposición, hacia dónde vamos con una oposición que está dentro del oficialismo y quiere anular al Presidente, que ya solito se las ingenia muy bien para autoextinguirse, y otra oposición que está fuera del oficialismo y que se “cree mil” comparándose con este oficialismo esquizofrénico, pero que tampoco se organiza y cohesiona, sino que va detrás de cargos, porque mientras legislan solo hablan de lo que harán cuando sean presidentes. Porque en la oposición -la que está fuera y dentro del gobierno- todos quieren ser presidentes. Mientras pasa todo esto, y la vicepresidenta -según el exlíder piquetero- quiere que Alberto renuncie para poder encargarse ella misma de liberarse de sus múltiples causas penales, la mitad de los argentinos no llega a cubrir su canasta básica y se alimenta mal o no se alimenta.

Alberto Fernández se nos parece mucho, tal vez por eso nos representa mucho mejor de lo que creemos. Porque, al fin y al cabo, él actúa frente a la vicepresidenta que le hace la vida invivible igual que actuamos nosotros como ciudadanos frente a un gobierno que nos hace la vida invivible, y una oposición que parece más interesada en utilizarnos que en atender nuestras demandas, que hoy son infinitas. Falta un año y medio para las elecciones y oficialistas y opositores se disputan poder entre propios y ajenos, mientras nosotros cada día podemos comer un poquito menos. ¿Y qué hacemos nosotros? Parecido a lo que hace Alberto cuando Cristina lo maltrata o lo ignora, pero lo hacemos con los modales de Cristina, primero permanecemos atónitos, y luego hacemos un poco de catarsis insultando muchísimo por las redes sociales, y qué sigan los embates.

La vicepresidenta de los argentinos, que carga sobre sus hombros varias causas penales, no tenía posibilidades de ganar la elección de 2019, y por eso convocó al “moderado” Alberto Fernández. Pero como Alberto no está haciendo demasiado esfuerzo para que Cristina goce de eterna libertad, y solo queda un año y medio de fueros, y está gobernado espantosamente, Cristina se ensaña con aniquilarlo políticamente, para así ponerse al frente de todos y todas, como nos cuenta el compañero D´Elía.

Y la oposición se encuentra frente a un dilema, si se opone a Alberto apoya a Cristina y si se opone a Cristina apoya a Alberto, y así se termina enredando en estas riñas entre nacionales y populares, mientras sigue peleando con los suyos para ver quién será el futuro presidente.

Y nosotros, los ciudadanos de a pie, al igual que Alberto pero sin dinero en el bolsillo, estamos perdiendo al ahorcado.

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